Muñecas

En pequeño formato surge de la pasión por evocar épocas, momentos e historias a través del oficio de la costura, del saber hacer manual, pues hasta los bordados son a mano.

En una época cuando el periodismo de moda era todavía algo rudimentario, desde París se enviaban muñecas grandes y perfectamente vestidas a modistas y clientes privados en todo el mundo occidental, incluso hasta Constantinopla. De los talleres de las vendedoras de modas, ubicados en torno a la calle Saint-Honoré y luego al Palais Royal, salían estas muñecas para mostrar las más recientes composiciones de cintas, plumas y encajes elaboradas por estas primeras «estilistas» de la historia de la moda. Louis-Sébastien Mercier, cronista de la vida social parisina, recuerda haber conocido a un extranjero «que se negaba a creer en la poupée de la rue Saint-Honoré» y de inmediato llevó «al incrédulo» para que él mismo viera las famosas muñecas de la moda. A la muñeca de la rue Saint-Honoré, como genéricamente llama Mercier a esta mensajera de la novedad, también se le llamaba Pandora, básicamente, porque despertaba una insaciable curiosidad, como en el mito griego de la caja de pandora; pero en lugar de males y vicios traía consigo los últimos caprichos y frivolidades creados en París.

Como puede verse, las muñecas como soporte de la moda tienen una larga historia, al menos en Francia. Pero con la proliferación de medios impresos especializados en moda, su papel de mensajeras cayó en declive mas no en el olvido. Cuando en 1945, Francia necesitaba recuperar su brillo como faro mundial de la moda, la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne organizó Le Théâtre de la mode, una exposición itinerante que presentaba muñecas vestidas por los modistos más famosos de París: Balenciaga, Dessès, Fath, Grès, Lanvin, Lelong, Patou y la casa de Worth. Rodó por Copenhague, Barcelona, Londres, París y Nueva York. La ropa en miniatura no era lo único bonito, también los escenarios realizados por artistas como Christian Bérard y Jean Cocteau que recordaban el audaz estilo de las ilustraciones y la fotografía de moda de la preguerra. Fue una estrategia exitosa para relanzar el regreso de los franceses al mercado internacional de la moda.

 

 

Aunque las muñecas vestidas a la moda han existido desde el siglo XVIII inicialmente no estaban dirigidas a las niñas; las primeras muñecas de moda modernas pensadas para ellas surgieron en la década de 1950. En 1959, esta vez en Estados Unidos, la compañía de juguetes Mattel lanzó la célebre muñeca Barbie, presentándola como «una modelo adolescente», es decir, su conexión con la industria de la moda fue inmediata. De hecho, en pocos años Barbie estaría luciendo modelos de Givenchy, Balmain y hasta Oscar de la Renta.

Hace casi una década, el dúo neerlandés Viktor & Rolf decidió presentar su primera exposición individual en la Barbican Art Gallery de Londres. Ellos, que durante su carrera han subvertido el formato tradicional de la pasarela presentando colecciones en formato instalativo, montaron allí The House of Viktor & Rolf, una retrospectiva de su trabajo soportada en muñecas. Una casa de muñecas gigante llenaba el espacio de la galería mientras hospedaba unas sobredimensionadas muñecas victorianas vestidas meticulosamente con prendas escaladas a la perfección; dando la sensación al visitante de haber entrado a casa de las muñecas o de haberse vuelto gigante, como en una ensoñación de Alicia en el país de las maravillas.

Tanto las muñecas de la época de Mercier, como las del Le Théâtre de la mode, o las de The House of Viktor & Rolf sirven de antecedente al dúo Alado. Ellos han creado En pequeño formato, un proyecto cuyo nombre expresa la conexión de ambos con el arte, pues Andrés y Alejandro son graduados de artes plásticas y de diseño de moda a la vez. Son dos artistas-diseñadores que han explorado las posibilidades plásticas de distintos periodos de la moda occidental, y la estética de culturas no occidentales para configurar con ello su universo creativo. Ad portas de una década de labores, con los pies en el mercado y sin renunciar a su vocación artística, En pequeño formato surge como una celebración de esas referencias que han nutrido su imaginería: la imagen frágil y fervorosa de las mujeres de finales de la Edad Media, plasmada por Jan van Eyck; la barroca ampulosidad de la era de la Pompadour; las fantasías orientalistas del reinado de Paul Poiret; la femme-fleur de Dior, o las míticas India y China.

En cuanto a la escenografía, más que recrear a escala el entorno de las muñecas, el propósito consistía en evocar los conceptos a través de elementos escenográficos a escala humana y yuxtapuestos a la escala de la muñeca. Hay elementos utilizados en campañas y colecciones anteriores con los cuales se ratifican las estéticas que han influenciado el trabajo de Alado. Entre tanto los vestidos, rinden homenaje a esa tradición en torno al juego de vestir las muñecas, al trabajo meticuloso que esto implica, pero, mejor aún, al virtuosismo necesario para escalar y confeccionar unos vestiditos que no superan los 45 centímetros. En esto, dicen, es inspirador Le Petit Théâtre Dior, otra exposición reciente que claramente hace eco de aquella estrategia francesa de 1945.

Disponen de la experticia técnica necesaria para confeccionar los vestiditos de En pequeño formato, porque en Alado creen en el poder del trabajo colectivo. Piedad Restrepo es la aguja detrás de estos diseños, una mujer que lleva varios años dedicada a la réplica libre de vestidos en miniatura, y que incluso reprodujo en pequeña escala el vestido de bodas de su hija diseñado por Alado, por el simple placer que le produce el rito de vestir muñecas. Los peinados son realización de Alejandro Molina, y la fotografía de José Luis Ruíz. Todos, operando como bajo la batuta de un director de orquesta dieron forma a esta composición visual, guiados por sus respectivas «partituras», una serie de bocetos que mostraban cómo Andrés y Alejandro se figuraban las imágenes finales, y que sirvieron de base al dibujo de los figurines y el proceso de escalado. Sin fines comerciales, En pequeño formato surge de la pasión por evocar épocas, momentos e historias a través del oficio de la costura, del saber hacer manual, pues hasta los bordados son a mano.

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